dijous, 21 de juny de 2012

La ciudad bíblica de Belén

El descubrimiento arqueológico de un sello de arcilla, de 1,5 centímetros, con la inscripción Bat Lejem (nombre de la ciudad de Belén, escrito en paleohebreo) y datado en los siglos VII u VIII a.C., es una excelente noticia tanto desde el punto de vista científico y arqueológico como bíblico. El hallazgo nos lleva al periodo en que dicha ciudad es citada en la Biblia Hebrea (el Antiguo Testamento cristiano) como parte del reino de Judá y conocida como la época del primer Templo (1006-586 a.C.).

Su encuentro, por parte de un equipo de la Autoridad de Antigüedades de Israel, dirigidas por Eli Shukron, en el poblado de Silwán, en la Jerusalén Este, ha sido posible gracias a un sistema de filtrado, donde la tierra se lava para detectar objetos pequeños que por otros medios son indetectables. Se trata de un sello usado para sellar documentos u objetos, con una finalidad fiscal.

Belén, cuyo nombre en hebreo significa «casa del pan», aparecerá en la Biblia como el lugar donde fue enterrada la matriarca Raquel, esposa de Jacob y madre de José y Benjamín (Gn 35,19; 48,17). Y entrará en la historia de la genealogía davídica con la narración del libro bíblico de Rut, donde se cuenta la historia de una mujer moabita que después de muchas vicisitudes acompañará a su suegra Noemí (ambas viudas) desde Moab hasta Belén, y después de trabajar duramente recogiendo las espigas que se dejan los espigadores de la casa de Booz, se casará con él; ambos son presentados en las Escrituras judías como los bisabuelos del rey David. Es una narración preciosa desde un punto de vista literario y muestra como también los extranjeros, en este caso una mujer, pueden formar parte de la historia de Israel y del plan salvífico divino.

Aunque la entrada por la puerta grande de la Biblia Hebrea vendrá de la mano de la historia del rey David, cuyo origen se sitúa en la ciudad de Belén (1Sam 16,4-13). El profeta Samuel es enviado por Dios a Belén, donde ungirá a David, el menor de los hijos de Jesé, como rey de Israel.

Más tarde el profeta Miqueas (s. VIII a.C.) después de profetizar duramente contra la injusticia social y de las consecuencias desastrosas que esa forma de vivir acarreará, anuncia un futuro mejor, una paz posible. Parte del texto de esperanza será citado posteriormente por el evangelio mateano (Mt 2,6) y será interpretado desde una perspectiva mesiánica, que se inicia en Belén:

Pero tú, Belén Efratá, aunque eres pequeña entre los clanes de Judá, de ti me ha de salir el que ha de gobernar en Israel. Sus orígenes vienen de antaño, de tiempos lejanos (Miq 5,1)

Ya en el Nuevo Testamento aparecerá Belén como el lugar del nacimiento de Jesús; será en los llamados «relatos de la infancia», que encontramos en los evangelios de Mateo y Lucas: Mt 2,1-8 y Lc 2,1-7. Ambos autores, utilizando fuentes de información diferentes, nos aportarán en sus obras el mismo dato.

Desde entonces la ciudad de Belén, próxima a Jerusalén, se ha convertido en un lugar privilegiado de peregrinaje cristiano, para visitar el lugar del nacimiento de Jesús y, también, para conocer toda la historia bíblica tan intensa de este lugar que ahora la arqueología nos ha permitido datar con una antigüedad muy próxima a los relatos bíblicos más antiguos.

Javier Velasco-Arias